Thursday, April 4, 2019

Tierra de Vino

De los creadores de La Montevideana y Don Barredora, llega Tierra de Vino. Una historia que no vas a poder creer. Una historia que es exactamente igual que las anteriores y más de lo mismo.

Por si queda algún desprevenido acá, les cuento que La Montevideana es la historia de mi entrevista de laburo en Uruguay y Don Barredora de la entrevista en Rosario. El detalle es que, para la de Rosario, me iba a tener que mudar a Rosario. Flor estaba de acuerdo, nos íbamos más cerca de su pueblo natal. No sé si Toscana estaba de acuerdo, nunca la pregunté.

Esta es la historia de mis entrevistas de laburo para mudarme a Mendoza. Obviamente no me contrataron y sigo en Buenos Aires. Acá toda la historia.


La empresa es una de esas empresas de internet, igual a todas las que vengo trabajando desde el 2012. Ya voy por la cuarta. Solo que, por esas cosas de la vida, esta empresa está en Mendoza. También tiene una explicación perfectamente válida. Hace unos 15 años, un mendocino creó la empresa. Y hace unos años, apareció una empresa yanqui, se la compró con la intención de meterse en el mercado latinoamericano y dejó la empresa mendocina funcionando. Solo que metió mucha guita y ahora los mendocinos tiene oficinas todas lindas y esas cosas que tienen las empresas de internet. Y somos todos re cool laburando en ambientes modernos y re cool.


Mi primera entrevista fue por Skype el 18 de diciembre con un tipo que se llama Martín. Buena entrevista, buena onda, todo bien. Esa misma tarde, me escribió la mina de recursos humanos, que se llama Emilia, para tener una entrevista con ella dos días más tarde. Y así fue. Me dijo que estaban tan apurados con la búsqueda, que por eso me entrevistó alguien del área antes que recursos humanos. Esa misma semana coordinamos la siguiente entrevista, para principios de enero.

Por motivos de celebraciones de año nuevo, la entrevista se postergó dos semanas. Se ve que en Mendoza festejan el año nuevo chino, o Ramadan, o deconozco qué, pero por el feriado del 1 de enero me postergaron la entrevista hasta el 14 de enero. Así son las cosas, no pregunté detalles. Mi entrevista era urgente porque la búsqueda laboral era urgente. Absolutamente todo es urgente, pero resulta que lo urgente al final no era tan urgente porque aparecieron otras cosas urgentes entonces tu urgencia queda relegada en detrimento de la urgencia del otro. Ahí estaba yo, siendo lo menos urgente de todo lo urgente y lo más postergable de todo lo impostergable.

Tuve la tercera entrevista y también me fui muy bien. Me agendaron otras dos para un par de semanas más adelante. El tema de Mendoza había empezado como un chiste y estaba tomando forma. Hablamos con Flor ya un poco más en serio y decidimos que iba a seguir en el proceso y más adelante veríamos que pasaba.

Cuarta entrevista muy bien y llegó la quinta, que por primera vez no me fue tan bien. Hasta cuatro seguidas banco bien, en el quinto ya bajo el nivel. Los 40 no son gratis. La entrevista fue con una mina quien antes trabajaba en un competidor directo de mi laburo anterior. Empezó la entrevista diciendo algo como que mi laburo anterior era una cagada, que conoce mucha gente que trabajó ahí y todos se lo dijeron. Su primera pregunta de entrevista de laburo no fue una pregunta. Fue un comentario que ni siquiera llegaba a ser anécdota. Claramente la mina esta se encontraba perfectamente capacitada para ser periodista de fútbol en campo de juego. Era la Titi Fernandez de las entrevistas laborales. Solo faltaba que me acerque el micrófono y me dijera “ganaron”.

Me generó cierta duda sobre que responder su no-pregunta porque no es un diálogo para tener con un desconocido en una entrevista de trabajo. Si somos amigos, nos juntamos a tomar una cerveza y cada uno cuenta detalles de sus compañeritos laborales. Pero fuera de ese contexto, me parece que no da.

La mina labura desde BA e hizo mucho esfuerzo e hincapié en contarme que está a full todo el tiempo. Porque tiene que ir desde Buenos Aires a Mendoza, venir, controlar a su equipo que está en otro lado. También lidiar con los que están en Estados Unidos. Todo le representaba demasiada dificultad y un gran desafío. Pero no importaba, porque valía la pena. Al menos eso fue lo que me comentó. Porque no fue una entrevista, fue ella hablando muy bien de si misma durante media hora.

Después de esta entrevista, no tuve más noticias de la empresa durante unas semanas. Hasta que les mandé un mail preguntando que onda. Porque esa es otra cosa de la vida moderna. Cinco entrevistas con una empresa. Cinco. Y de repente, no te escriben más.

Todavía no había decidido si quería irme a Mendoza o no. Pero si había decidido que quería ser yo quien decida. Le escribí a Emilia, me respondió Mariana. Mariana era la otra de recursos humanos, la que siempre me agendaba las entrevistas. Me mandó un mail un tanto extraño. Primero, se presenta y me contaba quien era. Esto era raro porque ya nos habíamos mandado como 20 mails durante los últimos 2 meses. Después escribió algo como que Emilia le había dicho que yo quería seguir en el proceso, entonces teníamos que agendar nuevas entrevistas. Como si fuera decisión mía. Agendamos dos entrevistas más, esta vez con yanquis.

Tuve la primera, todo bien. Llegó la segunda al día siguiente y no me fue tan bien. El yanqui era raro. Una de las primeras preguntas fue "si llegas un día a la oficina y las visitas de la página cayeron un 20%, ¿qué haces?". Contesté que lo primero que hago es preguntar quien rompió algo. Su siguiente pregunta fue mejor. Me dijo "¿Qué haces si no podes preguntarle nada a nadie porque estás solo en la oficina?"

Pensé en responder que mandaba un mail, o que esperaba a que llegaran o que debía ser feriado y me iba a mi casa. Pero no dije nada de eso. Le di varias opciones. Ninguna fue satisfactoria y terminó la entrevista justo después de eso. Pensé que se había terminado la aventura de Mendoza. Pero no.

Unos días más tarde, otro mail de Mariana para coordinar un viaje a Mendoza y pudiera conocer las oficinas. Algo que ya estaba hablado desde el principio, que en caso de avanzar, el último paso iba a ser conocer las oficinas. Fueron muchas entrevistas hasta ese momento, más precisamente siete. Siete entrevistas donde hablé siempre lo mismo. Que mi curriculum, que hice en mi último trabajo, que haría si sucede algo determinado y cosas del estilo. Siete entrevistas con mucho detalle acerca de lo que hago, lo que me gusta hacer, mis objetivos a mediano plazo, etcétera.

Me contaron que se les complica mucho con el tema de la relocalización de gente de Buenos Aires porque a veces no se adaptan ellos, o sus familias. Les dije que eso no era problema, que mi esposa y yo estábamos totalmente decididos a mudarnos a Mendoza y que la adaptación no iba a ser un problema. Lo repetí en todas las entrevistas y todas las veces que pude. No quería ser rechazado por eso.

El 14 de febrero, para celebrar el día de los enamorados, Mariana me mandó un mail oficialmente invitándome a conocer las oficinas de Mendoza. Totalmente apropiado el mail, me preguntaba desde que aeropuerto prefería salir y me consultaba si iba a ir por el día o si me quedaba a dormir una noche allá. También aclaraba que la empresa pagaba absolutamente todo.

Mi primera duda era porque habría de quedarme a dormir en Mendoza. Pensé que tal vez me llevaban a cenar o algo, que se yo. Le pregunté eso, me dijo que muchas personas prefieren viajar el día anterior, dormir esa noche en un hotel y arrancar a la mañana siguiente directamente desde Mendoza. Contesté que voy y vuelvo en el día. La verdad, no tenía ganas de estar en Mendoza una noche sin nada para hacer. Ahora, a la distancia, pienso que tendría que haber agarrado la noche gratis. Pero bueno, en el momento no me pareció una buena idea. Ya dije que soy lento.

Fueron y vinieron varios mails coordinando fechas. Porque iba a haber gente de vacaciones, feriados y varias cosas. Finalmente quedó el viaje agendado para el 15 de marzo, iba a la mañana, volvía a la tarde, todo por Latam Airlines saliendo de aeroparque. Me mandó otro mail con los pasajes y muchas cosas. Aclaraba que gastos tenía cubiertos y cuáles no, que me pagaban ellos y que debía pagar yo para que luego me lo reembolsen. También me dejaba dos números de teléfono de contacto por emergencias y, mucho más importante, una agenda con todo lo planeado para el día. Tenía una reunión detrás de otra desde que llegaba hasta que me iba. Nada que ver con Rosario ni con Montevideo. Me puso contento.

Como dije antes, hablamos de muchas cosas tanto por mail con Mariana como durante las siete entrevistas. Mientras que, de otras cosas, no hablamos. Por ejemplo, nunca hablamos de sueldo ni de pack de relocación ni de beneficios ni nada semejante. Durante el último tiempo tuve muchas entrevistas. Muchísimas. Demasiadas. Y nunca nunca nunca se habla de plata. No tiene el más mínimo sentido. Me pasó de ir avanzando y después enterarme que pagan muy poco. Entonces, ¿por qué no se habla de eso antes? Tengo la respuesta. Por un sistema ridículo y sin sentido que el empleado tiene que hacer creer al futuro empleador que no trabaja por la plata sino por el desafío profesional. Yo quiero la empresa, la motivación, el desafío y todo eso. La plata es un detalle. Casi que laburaría gratis. Eso es lo que hay que hacer creer. Lo más ridículo de todo este sistema, es que eso hay que hacérselo creer a un empleado de la empresa. No al dueño. Ese empleado, por ahí de recursos humanos o por ahí de tu mismo sector, que también trabaja por la plata, tiene que disimular. Y así un círculo vicioso de mentiras sin sentido como si en este mundo capitalista donde la plata es (casi) lo único que importa, resulta que para empezar a trabajar en una empresa la plata no importa. Ahí estaba yo, yendo a Mendoza por el desafío.

Continuara.

1 comment:

  1. Hubo una época en que esperaba a los 10 comentarios para publicar la siguiente parte de la historia. Que tiempos aquellos!

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