Thursday, January 7, 2016

A la Grande le Puse Cuca

Flor, Toscana y yo pasamos las fiestas en el pueblo natal de Flor. A diferencia de todas las veces anteriores, esta vez nos quedamos en la quinta del tío de Flor. Está en las afueras. O sea, eso dicen los que viven allá, porque les encantaría creer que su pueblo tiene afueras. No, no tiene afueras. Sepanlo. Si está a 20 cuadras de tu casa, no es las afueras. Estamos solo los tres en la quinta, con parrilla, jardín y pileta. Impecable todo. Bueno, luego hubo unos pequeñísimos inconvenientes, pero este post es sobre otra cosa.

Una mañana, me levanté y en la pileta de la cocina encontré un vaso lleno de agua y, en el agua, una cucaracha boca arriba, tipo haciendo la plancha. La cucaracha estaba muerta en el vaso de agua. Desconozco como llegó hasta ahí. Yo no la puse, no pensaba sacarla. Por mí, que quede en el agua. Fui a la pileta y me quedé sin hacer nada.

Cuatro horas más tarde...

Flor: Anda a tirar la cucaracha que está en el vaso de la cocina.
Yo: No, anda vos.
Flor: Vos sos el hombre.
Yo: Vos sos la mujer.

¿No querían igualdad ustedes? Mucho #NiUnaMenos, pero aparece una cucaracha y hasta reivindican a Barreda con tal de no matarla ustedes. Decidí hacerme hombre y tirar la cucaracha. Fui a la cocina, la cucaracha seguía muerta haciendo la plancha. De a poco empecé a dar vuelta el vaso. Mi estrategia consistía en sacar el agua y cuando quede solo la cucaracha, tirarla a la basura. Quería evitar a toda costa tener que agarrarla con una servilleta.

Mientras estoy tirando el agua, la cucaracha se empezó a mover. Si, se movía. Estaba viva. La muy hija de puta estaba viva. La cucaracha estuvo al menos seis horas en un vaso de agua, sin moverse... y estaba viva. ¿Cómo carajo estaba viva?

Con rapidez de reflejos, velocidad y destreza, di vuelta el vaso y lo dejé sobre la pileta. La cucaracha quedó atrapada. Se movía dentro del vaso. Yo la miraba desde afuera. Elle encerrada en una jaula de vidrio. Era el Silencio de los Inocentes. La cucharacha estaba atrapada, pero había que matarla. Y era grande la hija de puta, como siete centímetros de largo. Que para una cucaracha es gigante. No es moco de pavo. Además de grande, asquerosa. Porque no jodamos, son asquerosas las cucarachas. Ese marroncito horrible color uniforme de portero de edificio y que no combina con nada, las patitas, las antenas. Ni siquiera Disney se animaría a sacar una película con cucarachas de lo asquerosas que son. Como soy macho y me la banco, hice lo más coherente. Llamé a Flor, que estaba tirada en la reposera tomando sol.

Vino a la cocina. Miró la cucaracha, pensó unos segundos.

Flor: Hay que ser muy rápido, yo levanto el vaso; vos agarrá el rollo de cocina y la matas con papel, aplastandola.
Yo: Ni en pedo.
Flor: ¿Qué te puede hacer?
Yo: Puede volar y venir encima de mío.
Flor: Si, puede ser.

Entonces como ella se la banca hizo lo más coherente. Se fue. Me dejó solo con la cucaracha. Y mi misión, que era matarla. El tema es que las cucarachas resisten una bomba nuclear y todas las armas con las que yo contaba era un spray de off para mosquitos. Y encima era el pote chico, porque esta re caro el Off.

Mi primer plan fue marearla hasta la muerte. Agarré el vaso y apoyando uno de los bordes contra la cucaracha, lo fui girando lo más rápido que pude. Digamos que la llevé al Samba, esto lo entienden los que alguna vez fueron al Italpark. Este blog no estaría siendo apto para las nuevas generaciones.

Contra mi pronóstico original, la cucaracha no se murió de mareo. ¿Quién lo hubiera imaginado? Mi segundo plan fue hacer lo mismo, pero dejando correr el agua de la pileta y levantando apenitas el vaso. Subir la apuesta y crearle un tsunami. Que muera la hija de puta. Morite como muere Mark Whalberg en Una Tormenta Perfecta, cuando llega a flote y se encuentra con todas las olas. Ahora vas a ver lo que es bueno, cucaracha.

Contra mi pronóstico original, la cucaracha tampoco se murió de mareo e inundación. Aunque una de sus antenitas quedó atrapada bajo el vaso y no podía moverse. Luchaba, pero no lograba liberarse. Ante todo, hay que tener respeto por el enemigo. Valores en el campo de batalla. Levanté el vaso unos milímetros y recuperó su movilidad. La cucaracha seguía prisionera dentro del vaso y yo sin saber cómo matarla.

Desde la reposera, Flor me gritó, preguntándome cómo iba la situación. Le dije que se quedara ahí, que el hombre estaba trabajando. Típico de mujer. No van a hacer el trabajo pero dan indicaciones a la distancia.

Entonces, me iluminé. Volví a abrir la canilla, pero esta vez la caliente. Dejé correr el agua por un ratito, para que salga bien bien caliente. Y cuando fue así, levanté levemente el vaso para dejar entrar el agua. Y se hirvió la cucaracha. Quedó toda achicharrada y patas para arriba. Ahí tenes, estas muerta. Dejé corriendo el agua un ratito más para asegurarme que estuviera muerta en serio y no como la otra vez. Hasta que si, se murió del todo. La maté yo solo y sin ayuda de nadie. ¿Quién es el hombre acá?

Ale 1 - Cucaracha 0

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